Tuve la oportunidad de ir el pasado 14 de septiembre, a las 9 de la noche aproximadamente. La verdad fue una experiencia inigualable, cuando presencias la danza, el rito y el canto de estos concheros, trae al presente las herencias culturales históricas que moldearon a México. Es una fiesta que está fuertemente ligado a la religión, más puntual en la católica. Por lo cual la cruz está más que presente en esta danza, es un símbolo con mucha presencia en este ritual. Sin embargo, la religión en sí es sólo el punto conector entre los concheros y la iglesia.
Es impresionante la cantidad de danzantes concheros que vienen de diferentes puntos del país. Éstos bajaron desde los arcos, por Avenida Zaragoza hasta llegar al Templo de la Cruz, en donde le pidieron permiso a Dios y danzaron. El ritual se terminó el día 15 a las 4 de la tarde. Desde que llegabas al lugar te sentías en otra época, los sonidos, los cantos, los tambores, las imágenes, los olores, todo se conjuntó a la perfección para que te trasladaras a la época de la conquista.
Los atuendos de los danzantes eran coloridos, algunos con máscaras de animales salvajes, muchos traían sus respectivos penachos. Además de que la mayoría de sus danzas estaban bien respecto a su coreografía. Me impactó una de las varias secuencias en las que peleaba un soldado y un indígena, y vimos cómo uno de los muchachos se cortó la mano con la espada. A pesar de la sangre y el dolor, este siguió bailando, me impresionó el nivel de compromiso y determinación que tienen estos danzantes, son fiel al ritual y a todo lo que representa.
Esta tradición rescata nuestra cultura del olvido, y persiste en dejarnos claro que nuestra historia cultural es rica, mística y bella.